martes, 23 de noviembre de 2010

Parte I


Cuando estoy con él no puedo relajarme. Tengo que hacer las cosas bien. Tienen que salir bien. Doy mi mejor esfuerzo, si hay algo nuevo que tenga que hacer, no importa si me asusta, tengo que hacerlo. Y tengo que hacerlo bien. Debo permanecer callada muchas veces, los demás hablan, yo escucho. Así es como funciona. No me molesta ya, aprendí a hacerlo de esta manera. Debo sentarme propiamente, debo controlar el volumen de mi voz, tengo que pensar siempre antes de hablar... A eso ya me acostumbré. Lo mas difícil son las cosas nuevas. Manejar por primera vez en una calle principal con un auto al que apenas me estoy acostumbrando. Y... A tu velocidad... Me alegra que el volante funcionara esta vez... Me pasé un alto, no me agrada, pero sé que no te haría nada de gracia que me detuviese.

Te llaman de la oficina ¿no? No es mi culpa, ahí no sacaban copias, si, si, de acuerdo. No me dejas explicarme... Tienes prisa, lo sé... Pero necesito valor para hacer las cosas, y es difícil ver que no puedo ni titubear. Eres bueno presionando a la gente, que no te quepa duda. Me siento mas tranquila aquí, aunque tenga que esperar hasta las 3, no me importa, me relajo escribiendo en el celular, es mejor que descubrirme hablando sola por la calle... Quiero que esto esté terminado para regresar a mi rutina. Está todo bien, es solo cuando entras tú a ella que las cosas se complican, no tienes fechas ni horarios, simplemente llamas cuando tienes tiempo. A veces te digo que no puedo, increíble de mi parte... Atreverme a ello... Uf... Lo tomas bien, pero no me gusta hacerlo porque si es demasiado, sé que no te gustará. Y volvemos a lo mismo, siempre lo mismo. Tú quejándote y haciendo que eres mejor. Si, si, si. Tienes toda la razón, estamos todos mal. Ahora... ¿Me puedo ir?

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